Ousmane Dembélé, el regate como forma de vida.

Ousmane Dembélé

Te propongo un juego, piensa en un futbolista. En el que tú quieras, da igual, me vale tanto tu favorito como el primero que se te pase por la cabeza. ¿Ya lo tienes? Pues bien, piensa en sus características, seguro que hay una de ellas que le define. Si has pensado en Cristiano Ronaldo, hablaríamos de su remate. Si por el contrario has pensado en un centrocampista, Toni Kroos, por ejemplo, hablaríamos de su pase. Pero hoy no vamos a hablar ni de Cristiano ni de Kroos, vamos a hacerlo de Ousmane Dembélé.

Como a cualquier otro, a Ousmane le define una cualidad, una acción de este deporte que no es otra que el regate. No engaña a nadie, no necesitas verle entrar en contacto con el balón en más de cinco ocasiones para saber por dónde pueden ir los tiros con este futbolista. Incluso un escrutador vistazo a su físico podría ser suficiente para intuir ante qué clase de jugador estamos. De físico menudo y piernas largas, solo puede ser un driblador. Eso viéndole en foto o quieto, cuando lo ves en movimiento, se disipan todas las dudas que puedas albergar; es un regateador. Y no uno cualquiera, no puede serlo, no puede ser uno más por genética, por técnica, por personalidad, por ser un cóctel casi inédito de habilidades y capacidades para el arte del regate.

Desde el punto de vista físico, cuenta con una agilidad, flexibilidad, explosividad y velocidad muy, muy por encima de la media. Uno de esos físicos privilegiados que parecen haber sido fabricados a conciencia en algún laboratorio, una especie de experimento para lograr elaborar el físico más idóneo para la práctica del fútbol. Pero Ousmane no solo es 177 centímetros de exuberantes capacidades físicas, también técnicas. Su conducción de balón es letal, combina su velocidad y agilidad con una capacidad técnica que le permite esquivar rivales con una facilidad pasmosa, como no hay 5 en las grandes ligas. Sin embargo, si hay un gesto que le hace imparable, ese es su control orientado, ahí es sencillamente ilimitado. Aquí brillan todas sus virtudes, todo lo dicho anteriormente. Por técnica, orienta el balón a la perfección. Por físico, ningún defensa puede seguir sus cinco primeros pasos. Y aquí llega una de sus características más impactantes, pues puede hacerlo en cualquier parcela del campo.

Es tan, tan ambidiestro, que ni él parece saber cuál es su pie menos dotado. Ni siquiera necesita jugar de cara a portería para romper su marca, pues incluso recibiendo de espaldas su marcador siempre se encuentra en situación de desventaja, ya que nunca puede adivinar el perfil por el que puede salir. 50-50. Derecha o izquierda, su efectividad es independiente al flanco por el que decida salir, su porcentaje de acierto no se reduce ni un ápice. Y eso, con una cadera que le permite cambiar de dirección como si fuese de goma, le convierten en algo muy cercano a ser una garantía en el uno contra uno. A día de hoy, defender a Ousmane en una situación de 1 vs 1, es uno de los mayores ejercicios de anticipación a los que se puede someter cualquier defensa.

Dembélé

Y su entrenador lo sabe, lo sabe mejor que nadie. Thomas Tuchel es consciente de que tiene en sus manos a un jugador que justifica un sistema. La consigna está clara, el lado fuerte es el de Ousmane. Tuchel se ha entregado a Dembélé. Pese a que por lo anteriormente explicado, puede y ya ha jugado algún partido en la derecha (vs Mainz), parece que ha encontrado acomodo definitivo en la izquierda. Y aquí, básicamente, puede hacer lo que quiera.

Tuchel ha diseñado un sistema que compense cada uno de sus movimientos. Con Schmelzer liberándole de tareas defensivas, es Guerreiro, que está jugando de interior izquierdo, el encargado de equilibrar los movimientos del joven extremo francés. Si Dembélé viene a recibir por dentro, algo que hace con frecuencia porque hablamos de un jugador con una constante actividad sin balón, Guerreiro abre su posición para ocupar el puesto que el francés abandona por momentos, manteniendo el campo ensanchando, generando más espacios para las conducciones de Ousmane. Si por el contrario Dembélé se mantiene pegado a la cal, Guerreiro dibuja pequeños desmarques (el portugués suma ya 3 goles y 3 asistencias esta temporada) que arrastran rivales y dibujan líneas de pase. El caso es que Dembélé puede hacer lo que él decida y decide hacer muchas cosas. Por dentro, lo agita todo. Por fuera, reincidiendo otra vez en su indistinto uso de ambas piernas, puede sacar centros independientemente de cómo esté perfilado, su precisión no se resiente. Tuchel le ha dado las llaves del equipo. Y por lo visto hasta ahora, parece un movimiento ganador, arrollador.

Conviene recordar que estamos ante un chico que no hace ni cinco meses que cumplió los 19 años, lo que significa que todavía tiene muchas cosas por pulir. Su toma de decisiones, sin ser un caótica, hoy es menos eficiente de lo que lo será en un par de años. Su último toque, ya sea pase o remate, hoy es menos eficaz de lo que lo será en un par de años. Todavía le quedan muchos fallos por cometer para ser mejor. Pero lo será, será cada vez mejor. Quizá el mejor.

One thought on “Ousmane Dembélé, el regate como forma de vida.

Deja un comentario