Benzema y James produciendo en Ipurua

 

Sin el condicionante que supone que Cristiano Ronaldo y Gareth Bale estén presentes en un once, el Real Madrid venció en Ipurua en uno de sus encuentros de mayor entidad como colectivo. Frente a un Eibar enérgico pero falto de determinación en las áreas, Zinedine Zidane juntó a un nutrido grupo de centrocampistas que, junto a Benzema, hicieron valer la diferencia de calidad que había entre los contendientes. Resultó básica la activación mental visitante, muy por encima de la de los tres últimos partidos.

Como sucede en cada envite que Ipurua acoge, tanto el ritmo como la facilidad con la que el balón cambiaba de poseedor fueron las gotas de agua de la tarde. El Eibar impuso el peaje que acostumbra cuando un grande visita su feudo: el sudor. Obligaron los de José Luis Mendilibar al Real Madrid a jugar con un nivel de concentración e intensidad que le venía siendo esquivo en los días en que la melodía de la Champions no acompañaba a los prolegómenos del encuentro. Y a buen seguro que ayudó el hecho de que Zidane dispusiera de un once con más futbolistas con cartel de suplente que habituales en el once, condicionado el francés por el frenesí de compromisos y la cita con el Nápoles del próximo martes, como por supuesto influyeron las urgencias insufladas por la última racha negativa de resultados.

Con el balón sin un dueño claro y zumbando de lado a lado, fue el Madrid el que logró hacer valer la superioridad de sus futbolistas para acercarse a la portería rival en primera instancia. Principalmente de Modric, James y Benzema. El primero fue el que puso la nota distintiva en la media, templando la jugada el segundo que la inercia del partido no favorecía y encontrando una y otra vez el espacio alejado de la pelota por donde sí había terreno para transitar. Allí aparecía James, quien tuvo una de sus tardes más atinadas del curso y que, de la mano del punta galo, se hartó de producir ocasiones para que los suyos encarrilaran el choque cuando apenas habían transcurrido treinta minutos. Pero lo de Benzema merece capítulo aparte. La referencia ofensiva de los de la capital asumió todo el peso del ataque para dejar, además de dos goles y una asistencia, una colección de movimientos, apoyos y toques diferenciales que, en periodos grises como por el que venía transitando, sirven para recordar el valor de la etiqueta del “9” blanco.

Si antes se elogiaba la capacidad del Eibar para exigir a los de Zidane, debe dejarse constancia del contrapunto que decantó, para mal, su partido. El conjunto vasco pecó de una candidez excesiva en su área, lo cual quedó patente en la permisividad que facilitó a los visitantes ejecutar las ocasiones que fabricó en los primeros minutos. Tampoco encontró en ninguno de sus hombres de ataque ese momento de calma que abriese las puertas a los dominios de Keylor Navas –poco de Pedro León–, si bien la activación defensiva del Madrid fue superior a lo que había mostrado en sus últimos partidos. Con el 0-3, el Eibar mandó arriba a Dani García y Escalante para cambiar la inercia del choque. Sirvió para que los armeros pasaran más tiempo en campo rival, pero también para que los blancos pudieran correr al gusto con vistas a aumentar la renta, propiciándose así el 1-4 que terminó luciendo el luminoso de Ipurua.

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