En el momento de Benzema

Dos mitades de tonalidad opuesta dibujaron la tarde en el Santiago Bernabéu. En la primera, el Real Madrid se sirvió del colosal momento de forma de Benzema y de la inspirada tarde de Ronaldo e Isco Alarcón para jugar cuarenta y cinco minutos cargados de fútbol fluido y dominio constante. En la segunda, el Alavés aprovechó la pérdida de tensión de los locales para llevar el partido al área de Kiko Casilla, lo cual no revirtió en puntos para los vitorianos por la falta de acierto de sus puntas y porque los blancos, en el tramo final, sentenciaron un choque cuyo resultado opaca los problemas que durante el mismo se les presentaron.

El más inmediato fue el que Mauricio Pellegrino edificó sobre campo propio, con una línea de cinco atrás que compensaba la ausencia de Llorente y que, sobrepoblación del área mediante, exigía al Madrid propuestas más imaginativas que el llano centro al área. En los visitantes replegaban los once, con Dyverson trabajando sobre Kroos y los hombres exteriores de ataque, Ibai y Méndez, encargándose de los interiores blancos, Modric e Isco. La medida liberaba al doble pivote vasco de la misma manera que exponía a los carrileros al uno contra uno con Ronaldo y Bale, si no a un duelo dispar ante la subida de los laterales. Benzema, en una nueva exhibición para la filmoteca, ocupó con frecuencia los tres carriles para aprovechar la movilidad de Isco y la gracilidad de Cristiano y otorgar a Kroos la batuta para someter al Alavés.

No descubrimos nada nuevo al apuntar cómo los parones internacionales menoscaban la frescura de los equipos top, más aún cuando se acercan las fechas clave de la Champions y el campeonato liguero no da tregua entre semana. Acusó todo ello el Madrid, que con el marcador y el juego a favor, entró al segundo tiempo falto de tensión y con un ojo en la pelota y otro en el reloj. El Alavés, que como competidor no tiene peros, advirtió el desliz y mandó sus líneas veinte metros arriba, escenificada la apuesta en la posición de Toquero y Theo Hernández. Fue desde la parcela que ocupaban sus carrileros desde donde el cuadro vitoriano generó situaciones favorables para el centro –facilitadas por la desidia local– que sus rematadores no lograron convertir en goles.

La situación se agravó por el mal momento que atraviesan dos futbolistas capitales para los intereses del Real, Modric y Bale. El croata está en uno de sus puntos más bajos desde que aterrizase en Concha Espina, lo cual resta a los suyos intención y capacidad para batir líneas por pura iniciativa individual, mientras que el bache por el que transita el de Cardiff resta al Madrid determinación y le imposibilita transformar situaciones de repliegue como las del segundo tiempo en transiciones ofensivas en las que su número once se torne una amenaza de difícil parangón.

Aún sin lo mejor de ambos, el Real Madrid anotó otras dos dianas y se adjudicó la victoria ante un rival delicado –puntuó en Camp Nou y Calderón– en una jornada en la que sufría sendas bajas y que sirvió como inauguración del trascendental mes que marcará, en gran medida, el signo de su temporada. A la espera de que su fútbol gane en regularidad y consistencia, sumar de a tres funciona como el mejor tratamiento posible.

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