El final de la obra de Florentino

En 2009, el complejo era enorme. Dos tristes ligas no eran suficiente teniendo en cuenta los desastres europeos. Y después llegó el 2-6. Cristiano, Ribéry, Kaka’, Silva… los rumores de grandes fichajes ocupaban cada verano las portadas de AS y MARCA, pero nunca se llegaba a concretar nada. Entonces llegó Florentino y en el primer mes de mercado cerró sus tres galácticos. Tras la indecisión de Villa, viajó a Lyon a llevarse a Karim. El Madrid no esperaba a nadie. Y no es casualidad que las tres grandes incorporaciones de aquel verano (más allá del núcleo español de Xabi, Albiol, Arbeloa y Granero) fueran delanteros. Se necesitaba rendimiento inmediato.

Pero se eligió mal al entrenador, a Kaka’ lo mató aquella lesión y el peor Ibrahimovic sigue siendo buenísimo. Era demasiado pronto, hacía falta un empujón más. Lo que pasó hasta la llegada de Ancelotti lo sabemos todos. Después, ganó la puta Décima y entonces, solo entonces, pudo plantearse la idea de construir un equipo. Se acabaron los tres delanteros, quería dominar. Los resultados y la poca paciencia acabó con el proyecto, pero ya se había tanteado el terreno. Con el vestuario y la afición quemada, se recurrió a lo que siempre funciona para levantar el ánimo de históricos en horas bajas. Recuerdos de otra época.

A Cristiano no le tienes que enseñar a marcar goles, ya sabe hacerlo él. A Modric no le tienes que decir cuándo debe pasarla con el exterior y cuándo con el interior. Ni a Ramos cuándo entrar y cuándo aguantar. Son jugadores que quedarán para la historia porque saben de qué va esto y a estas alturas de la película no necesitan a nadie que les diga cómo hacer su trabajo. Aunque pueda sonar simplista, a estos futbolistas solo hay que tenerlos contentos para que puedan jugar como saben, porque saben hacerlo de una forma espectacular. Por algo son los mejores del mundo.

Poniendo como ejemplo a Ronaldo y las repetidas rotaciones de esta temporada, si te dice una institución como Ferguson que descanses, lo respetas. Si te lo dice Pellegrini, solo te sale enfadarte. ¿Mourinho y Ancelotti? Lo aceptas descontento. ¿Benítez? Te cuesta no aguantarte la risa. Con Zidane lo entiendes. Y aunque seguramente todos coincidamos en que no debería ser así, es.

Para fomentar el buen ambiente, qué mejor que chavales jóvenes que hablen el mismo idioma. Y ya si se han criado juntos, mejor. En categorías inferiores, ya fueran del Madrid o de España, Isco, Nacho, Carvajal, Lucas, Morata e incluso Casemiro han coincidido. Solo Casilla, una generación antes, y Asensio, una después, están fuera de la horquilla 1990-1992. A estos, súmales españoles como Mariano, Ramos, Yáñez, Casilla o Asensio, jugadores de habla hispana como Keylor o James y futbolistas que llevan años en LaLiga y están totalmente adaptados como Benzema, Cristiano, Modric, Marcelo o Pepe. Además, por ahí andan cedidos los Llorente, Borja Mayoral y Vallejo. Nace el núcleo.

A un gran grupo y una falta de necesidad –entiéndase, esto es el Madrid, pero el ansia de la Décima ya no condiciona temporadas- de títulos, se une un bajo estado de forma del mejor jugador de la historia y del mejor Atlético de la historia. Mientras la generación de Iniesta, Puyol, Valdés, Xavi, Suárez, Piqué, Mascherano, Suárez y, sobre todo, Messi, se apaga, la de Isco, Carvajal y Asensio se enciende. Es el momento de crear.

Zidane, que inició su etapa en los banquillos junto a Ancelotti y que tiene el pasado en el césped que todos reconocemos, puede resucitar la idea de Carletto y dotar al Madrid de la capacidad para dominar partidos. No solo las áreas, sino en todo el ancho y largo de los 105×68 de verde. El último delantero -para ser titular- que ha fichado el Madrid fue Gareth Bale, hará este verano cuatro años de ello. Sin embargo, desde la Décima, solo han llegado apuestas de futuro para el centro del campo: James, Kroos, Asensio y Kovacic. Casualmente, ningún destructor.

Los jugadores no se lo pueden poner más fácil a un Zidane que, de momento, sigue respetando demasiado el precio y el estatus de Bale o Benzema. Pero el rendimiento de estos está dejando mucho que desear, e Isco y Asensio no paran de darle razones para que los ponga de titulares.

En su mano está dar comienzo al Madrid de los centrocampistas. La época de platino.

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