Gareth Bale, el dragón galáctico

El que sólo sabe correr ya tiene dos Champions

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Cuando Bale rompió y dominó la Premier League en la temporada 2012/13 todo eran halagos hacia su figura. A todo el mundo le gustaba ese futbolista galés que marcaba golazos desde fuera del área como si no tuviera ningún tipo de complicación. Golazos que, además, salvaban muchas veces al Tottenham y sumaba puntos al casillero del club londinense. Tras acabar su temporadón con 21 goles y 9 asistencias (aunque el Tottenham no consiguiera entrar en puestos de Champions League), se empezó a rumorear y a publicar en la prensa que el Real Madrid intentaría conseguir sus servicios. A cualquier madridista medio esta noticia le alegró.

Este fichaje supuso el gran culebrón del verano de 2013 y no se cerró hasta el 1 de septiembre (el mercado cerraba al día siguiente). De nuevo, como con Modric un año antes, la dureza de Levy en las negociaciones provocó que el traspaso se concretara mucho más tarde de lo que el Madrid quería. Su precio, cercano a los 100 millones (en otros lugares se dice que sí que llegó a esa cifra), conllevó un cambio de mentalidad en mucha de esa gente que halagaba a Bale por lo que hacía en la liga inglesa. Dejó de ser Gareth Bale, pasó a ser “el jugador de los 100 millones” y cualquier persona de aquella en adelante miraba con lupa todo lo que hacía el atacante galés. Pero acabaría demostrando que estaban equivocados.

Su temporada, como es lógico tras venir sin trabajo físico veraniego al estar más pendiente de su pase al Madrid, fue totalmente de menos a más. Su primer partido, en el Madrigal contra el Villarreal, se saldó con empate y Gareth anotó su primer gol con la camiseta blanca. Tuvo ciertos problemas físicos que le dejaron sin disputar algunos encuentros y llegó al primer Clásico de la liga entre algodones. Viendo el partido cualquiera se daba cuenta de que estaba incluido en el once con pinzas. Sus detractores crecieron. Empezó a coger regularidad en cuanto a minutos y sus números, tanto goleadores como asistentes, subieron como la espuma. Demostró, a mi modo de ver, con absoluta claridad que su fútbol iba mucho más allá que simple potencia y velocidad, pero seguía existiendo gente que repetía esa mentira tan extendida. Tenía detalles técnicos que delataban que estábamos ante un jugador que atesoraba una calidad inmensa, pero muchos no lo querían ver.
Podríamos catalogar su primera temporada como blanco de exitosa: campeón de Champions League y de Copa del Rey. Fue determinante en la competición copera anotando un gol sólo al alcance de privilegiados tras una impresionante carrera en la que Bartra no consiguió pararlo aunque consiguiera sacarlo del campo. En liga acabó con 15 goles y 13 asistencias en 27 partidos (más de un tanto producido por encuentro) y en Champions League marcó en casi todas las eliminatorias desde los octavos hasta la final, donde anotó el 2-1 que adelantaba al Madrid en la prórroga y en la que fue lo más potable de una BBC que llegaba bastante tocada físicamente. Determinante e importante en los dos títulos conseguidos, ¿qué más se puede pedir? Y sobre todo teniendo en cuenta la dificultad que lleva consigo la adaptación a una liga tan diferente a la inglesa como es la española.

Su temporada 2014/15 empezó con unas expectativas altísimas, y no era para menos: por fin iba a tener una pretemporada en la que ponerse a punto. Esa tenía que haber sido la campaña de su explosión, su momento de decir “ya estoy aquí” y consolidarse más aún entre los mejores futbolistas del mundo. Pero al final resultó ser más bien al contrario: se vio a un Bale irreconocible, con muy poco peso en el juego, con la confianza por los suelos y mucho menos resolutivo que el año anterior. Generaba goles, sí (13 y 9 asistencias en 31 partidos de liga), pero era más por la inercia de tener talento, de ser bueno, que por un rendimiento alto sostenido. Además, esas cifras eran inferiores a las de su primera temporada como madridista. Todo era demasiado extraño. Ciertamente, la temporada 2014/15 de Gareth Frank Bale nunca tuvo sentido. ¿No le pasaban el balón? Demasiado simple para ser verdad. ¿Falta de confianza? Seguramente… ¿Pero cuáles eran los motivos? No lo sé. Este es un caso que debería resolver Iker Jiménez en su programa Cuarto Milenio. De todas maneras, estuvo presente en la consecución de la Supercopa de Europa (asistencia a Cristiano) y Mundialito (marcó en el 0-4 ante Cruz Azul y en el 2-0 contra San Lorenzo), ambos torneos menores. Con lo poco que había demostrado en esa temporada, con su bajo rendiminto y con su engañoso físico que provoca que a la vista de muchos parezca un futbolista torpe, todos los de “sólo sabe correr” (y esto incluye hasta a madridistas) tenían más motivos para defender su idea. La temporada de Bale fue muy mala porque a él hay que exigirle que rinda como uno de los mejores futbolistas del mundo y por momentos lo hizo como uno común y sin nada especial. Si sus números los firmara otro jugador, no se diría lo mismo, pero siendo Bale la exigencia resulta comprensible.

Todos teníamos la misma duda cuando aterrizó Benítez en el Bernabéu: ¿Qué versión suya íbamos a ver? ¿El de la primera temporada o el de la segunda? La verdad es que al final no vimos a ninguno de los dos, porque asistimos a uno diferente, renovado y mejor incluso que el que se había disfrutado en el Norte de Londres. Con el técnico español, Gareth en muchos momentos centró más su posición y jugó justo por detrás del punta (así lo había hecho en el Tottenham), con libertad para moverse por todo el frente de ataque. Alternó al principio esa ubicación con otra más caído a la derecha, donde se terminó asentando. El tiempo de Benítez como entrenador del Madrid fue un absoluto desastre donde la mayoría de los jugadores de la entidad rendían muy por debajo de su potencial (Kroos, Cristiano, Modric…), excepto Bale y alguno más. Gareth lo hizo independientemente de quién fuera el entrenador y siempre a un nivel altísimo, no alterado a pesar de las asquerosas lesiones que sufría con cierta frecuencia. Existía gente cuya opinión sobre la temporada de Bale estaba marcada más por las lesiones que por su rendimiento individual. Error. Gareth se lesiona mucho y eso es un problema, pero no tiene nada que ver con que haya jugado como se le presuponía cuando fichó por el Madrid.

Zidane sustituyó a Benítez como entrenador y Bale siguió a lo suyo: rindió mejor que nunca, marcando y asistiendo casi cada partido (19 tantos y 11 asistencias en liga). Y obviamente tuvo su recompensa en la máxima competición continental. En las semifinales contra el Manchester City, disputó un encuentro fantástico en el Etihad (0-0) y fue partícipe del gol que a la postre decidiría la eliminatoria (unos dicen que fue en propia de Fernando y otros que de Bale; al fin y al cabo la cuestión es que Gareth fue determinante). La final, en una reedeción de la de dos años antes, era contra el Atlético de Madrid, aunque esta vez en Milán. Dejando de lado que peinó la pelota en el tanto de Ramos que adelantaría al Madrid (luego igualado por el de Ferreira-Carrasco), su actuación fue impresionante y derribó todos los tópicos que llevaba consigo desde que había llegado a la península ibérica. ¿Que sólo sé correr? Pues voy a driblar, a participar y a sembrar el miedo cada vez que toco la pelota en el mejor entramado defensivo del mundo. Y así lo hizo. ¿Un futbolista que sólo tenga potencia y velocidad sería capaz de firmar ese encuentro contra el Atlético del Cholo? Lo dudo mucho. Curiosamente, muchos de los que decían esas cosas de Bale relacionadas con su única capacidad de correr cambiaron la opinión y admitían que Gareth estaba cuajando un partidazo y que además estaba siendo de lo mejor del Madrid durante la temporada. Quizá ahí fue cuando Gareth Bale dejó de ser “el que sólo sabía correr” para ser “un gran futbolista”. Aunque todavía le quedaba un paso más para terminar de callar a sus detractores.

De lateral izquierdo a atacante total

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Gareth Frank Bale salió de la cantera del Southampton y, tras 44 partidos en la primera división con el club sureño, habiendo debutado con 16 años y 275 días, se marchó del club que le formó para recalar en el Tottenham, uno de los más grandes del país, en la temporada 2007/2008. Fue Martin Jol el que llevó al galés hasta White Hart Lane, pero de los técnicos que tuvo como jugador de los Spurs este fue el que menos iinfluyó en lo que es Gareth hoy dia. Había llegado como un prometedor lateral que sabía tirar muy bien las faltas, pero Harry Redknapp, que llegó al club en 2008 tras la destitución de un Juande Ramos que no duró ni un año, avistó en él un potencial ofensivo que no se terminaba de explotar jugando tan atrás. Fue también bajo el mando del técnico inglés cuando Bale sufrió una especie de gafe -ay, no sabes cómo te comprendo, Gareth- que consistía en que cuando él jugaba el Tottenham nunca conseguía ganar los partidos. Podía empatar, pero nunca vencer. Algo bastante extraño pero que se acabó tras dos largas campañas -importante puntualizar que no era titular indiscutible, que tuvo lesiones y que en muchos casos jugaba sólo ratitos- cuando Harry decidió introducirlo en el campo en un encuentro que el conjunto londinense iba ganando 5-0.

La temporada de su explosión fue la 2010-2011, con el Tottenham en Champions League, habiéndose afianzado en esa posición más adelantada. Justo por detrás de él, en su antigua ubicación, jugaba Benoit Assou-Ekotto. Fue así como Gareth Bale se dio a conocer al mundo tras exhibirse contra el Inter de Milan en la fase de grupos de la mayor competición continental. En San Siro anotó tres goles idénticos en los que Maicon no pudo hacer nada para contenerle; en el Lane se volvió a pasear ante el lateral brasileño -de los mejores del mundo en su demarcación en aquellos tiempos-. A pesar de no marcar en el encuentro de casa, sí tuvo influencia en el marcador puesto que asistió en dos ocasiones en un encuentro que, a diferencia del que se disputó en tierras italianas (4-3 para el Inter), ganó el Tottenham por 3-1. Cualquiera que hubiera visto el telediario al día siguiente ya sabía de la existencia de Gareth Bale.

En la temporada inmediatamente posterior, la 2011-2012, se produjo otro giro de tuerca en la posición de Gareth Bale. Ya no sólo es que dejara de ser lateral, es que ahora iba a jugar en muchos partidos justo por detrás del punta. El impulsor del cambio, esa persona a la que tenemos que agradecer la existencia del Bale actual, de ese Bale tan completo, fue André Villas-Boas. Con él Gareth empezó a pisar zonas interiores y a evolucionar mucho más en su juego, siendo de esta manera más completo. En esa posición tan adelantada, incluso en ocasiones puntuales como falso 9, como ya fue comentado al inicio de este artículo, rompió la Premier League.

El traspaso al Madrid llevó consigo un periodo de adaptación dadas las diferencias existentes entre la liga inglesa y española. En el país ibérico los equipos son mejores tácticamente y están mas organizados, por lo que esos espacios de los que tanto disfrutaba Bale en Inglaterra iban a aparecer en muy pocas ocasiones. Tenía que demostrar que su fútbol iba más allá de jugar con espacios. Dicho y hecho.

A día de hoy con Bale asistimos a un atacante total, capaz de rendir igual de bien en cualquier contexto que se le presente. Su técnica individual, ya como mínimo notable cuando llegó a la capital española, se fue depurando hasta el punto de que el galés derrocha talento en cada contacto que tiene con la pelota. Su comprensión del juego, altamente criticada por sus detractores en tiempos anteriores, es sobresaliente y su toma de decisiones notabílisima. Partiendo desde la derecha, tiene la sensibilidad necesaria para pisar zonas interiores y asociarse en un palmo de terreno con sus compañeros. En un 4-3-3 como el que a menudo utiliza Zidane, muchas veces las líneas de pase verticales son inexistentes y ahí es donde Gareth -también Benzema- ayuda a que el equipo se instale en campo contrario. Encarando en banda derecha puede salir hacia los dos lados: si sale hacia su pierna buena, puede buscar portería, centrar al área con rosca fuera-dentro o asociarse con alguno de los compañeros que venga a apoyar; si decide hacer un regate hacia su pierna menos buena, tiene precisión para poner buenos centros (veáse la asistencia que da en el Camp Nou la temporada pasada) y el poso necesario para pararse, levantar la cabeza y buscar una mejor opción. En caso de caer por su banda natural, tiene una zurda extremadamente precisa y exquisita para meter centros tensos al área. Además, y este es un recurso que suele utilizar, su capacidad para pisar la pelota como si fuera un jugador de fútbol sala es magnífica, por lo que sabe proteger el balón cuando los rivales le aprietan. También, dentro de un equipo que en ciertos momentos echó de menos desborde, se destacó como uno de los pocos capaces de resquebrajar sistemas defensivos rivales a través de su regate (veáse la final de Champions League 2016 ante el Atlético del Cholo como mayor ejemplo de ello). Sus conducciones son potentes, a una velocidad altísima, y con el balón bastante pegado al pie. A mí me apasiona tanto porque me parece una perfecta combinación entre potencia y talento. Con espacios es devastador, una bestia física que parece que en vez de jugar al fútbol galopa, mientras que cuando tiene que actuar en lugares más reducidos se muestra con una finura al alcance de los mayores virtuosos técnicos existentes en el fútbol actual. Y que no se me olvide: es ahora mismo uno de los mejores cabeceadores del mundo, un peligro cada vez que hay un centro lateral o un córner, y más cuando los saques de esquina los sirve un futbolista de la precisión en el golpeo de Toni Kroos. En resumidas cuentas, Gareth Bale se trata de un potencial Balón de Oro.

Cuando el mundo se rindió ante Gareth Bale

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Su carrera con Gales empezó de manera prematura. Debutó con 16 años y 315 días -batiendo el récord de precocidad en aquel momento; sería superado en 2012 por Harry Wilson- contra Trinidad & Tobago en un encuentro disputado en Austria. Entró sustituyendo a David Vaughan y terminó asistiendo el 2-1 definitivo a Robert Earnshaw. En su debut con la selección nacional, asistió para que su equipo ganara. No es una mala manera de empezar.

Gales no se consiguió clasificar para las Eurocopas 2008 y 2012, tampoco para los Mundiales de 2010 y 2014. Fue a finales de 2014, después de un verano en el que Alemania había ganado la Copa del Mundo ante Argentina, cuando empezó la fase de clasificación para la Eurocopa de 2016 que se disputaría en Francia. Al combinado galés le tocó un grupo que incluía a Andorra, Bosnia-Herzegovina, Bélgica, Chipre e Israel. Pasaban de manera directa las dos primeras y la tercera disputaría la repesca ante una tercera proveniente de otro grupo. A priori el conjunto entrenado por Chris Coleman no era de los favoritos para clasificarse, pero finalmente lo logró. Y si lo logró fue porque un tal Gareth Bale estuvo a un nivel descomunal, incluso cuando en el Madrid no le salían las cosas. Gales marcó once goles en la fase clasificatoria. Bale anotó siete de ellos y además asistió en otros dos. Nueve tantos de los once anotados por la selección galesa llevaban la imprenta, fuera directa o indirectamente, de Gareth Frank. Simplemente impresionante.

Gales llegó a la Eurocopa como un equipo humilde que disputaba su primer trofeo importante desde el Mundial de 1958 (perdió en cuartos de final ante Brasil) pero que al mismo tiempo era realmente peligroso para los demás por su tremendo carácter competitivo. El conjunto de Coleman formó un entramado defensivo que incluía a cinco defensas y que potenciaba a sus dos grandes estrellas, Aaron Ramsey y Gareth Bale. Su grupo estaba formado por Inglaterra, Eslovaquia y Rusia. El primer partido le enfrentó contra Eslovaquia consiguió llevarse los tres puntos. Bale firmó el 1-0 de falta directa y Robson-Kanu anotó el de la victoria después de que Duda hubiera empatado. Gareth no firmó ninguna exhibición, pero fue determinante. La segunda jornada era contra Inglaterra y “Frank” se encargó de calentar el ambiente con unas declaraciones previas al partido. Fue él quien abrió el marcador en ese encuentro con otro gol de falta directa -hay que decir que Hart pudo hacer bastante más-, pero esta vez la suerte no correría de su parte y Gales acabaría perdiendo el partido en el descuento después de que Sturridge introdujera el balón al fondo de la red con 1-1 en el marcador. Los de Coleman se jugarían el pase a los octavos contra una Rusia que estaba dejando sensaciones realmente malas. Ese partido fue un festín, ya no sólo para Bale, sino para toda Gales. Con espacios por todas partes, Gareth, junto a un Ramsey estelar, destrozó al conjunto de Slutsky: 0-3 con goles de Aaron, Taylor y, por supuesto, Bale. Los dragones se habían clasificado para los octavos de final y, además, como primeros tras el empate de Inglaterra contra Eslovaquia en la última jornada de grupos.

El siguiente rival fue Irlanda del Norte, que consiguió pasar de ronda como tercera gracias al nuevo formato de la competición que favorece a selecciones pequeñas como la de Michael O’Neill. A priori este no era el mejor contexto posible para una selección galesa que disfruta más cuando el rival lleva la iniciativa. El dominio terrotorial fue para Gales, pero sus pases eran generalmente horizontales y no logró generar demasiadas oportunidades. En un partido que para mí fue de los más aburridos del torneo, Bale, que estaba cuajando una actuación cuanto menos discreta, apareció por la banda izquierda en una de sus típicas arrancadas para poner un centro tenso al área. McAuley, central del West Brom, mandó el balón hacia dentro de su propia portería. El partido acabaría así y Gales ya estaba en cuartos de final. Bélgica le esperaba.

El combinado belga fue creciendo con el paso de la Eurocopa, pero aun así podía dar mucho más. Con Wilmots al mando, era un equipo que aúnaba una inmensa cantidad de talento en 3/4 pero que rendía muy por debajo de sus posibilidades. Un equipo donde sus medio centros eran incapaces de dar pases verticales y donde sólo uno, Moussa Dembélé, que no era fijo, conseguía superar líneas de presión rivales. Cabe decir que todos estos jugadores talentosos disfrutaban mucho cuando podían ejecutar contraataques, pero no tenían mecanismos para hacer daño con la posesión. En principio, contra Gales, les tocaría sufrir ante un equipo encerrado, pero cuando Nainggolan marcó un golazo al inicio del encuentro y puso por delante a los belgas, ya no tenían la necesidad de marcar ese primer gol y la responsabilidad caía sobre los galeses, que asumieron el reto y lo completaron con éxito. En este encuentro vimos a un Gareth Bale más centrocampista que delantero, más organizador que determinante de cara a portería, más centrado en lanzar a sus compañeros que en que le lanzaran a él. Muestras de ello es el gol que anota Robson-Kanu tras un recorte impresionante digno de los mejores delanteros del mundo. La asistencia fue de Ramsey, pero el pase que puso a Aaron con la posibilidad de centrar fue ejecutado por Bale desde su propio campo. Gareth demostró una vez más lo completo que es como futbolista y los distintos registros que tiene. Ese gol del ahora atacante del West Brom ponía el marcador 2-1 y se añadía al anteriormente anotado por Ashley Williams a la salida de un córner. Sam Vokes, con un remate de cabeza espectacular, sentenciaría a poco del final. Gareth Bale y Gales hacían historia y se colaban en las semifinales de la primera Eurocopa que disputaban en su historia. Próximo objetivo: Portugal.

Contra los lusos, Gales tenía las sensibles bajas de Ben Davies, que estaba firmando una competición magnífica como tercer defensa central, y de Aaron Ramsey, el segundo en discordia de la selección dirigida por Coleman. A pesar de ello, estaba Bale. Al fin y al cabo, que Gareth esté en el campo hace creer al resto que es posible ganar los partidos. Su primera parte fue brillante: creó peligro desde la izquierda, desde la derecha, por el centro, arracando desde su campo, desde campo contrario… Un auténtico escándalo. En un tramo de tres minutos, ya en el segundo tiempo, Portugal anotó dos goles. El primero de su compañero de equipo Cristiano y el segundo firmado por Nani. Explicar lo que hizo Gareth a partir de ahí resulta complicado, pero tres palabras se acercarían a resumirlo: tirada de carro. En vez de esconderse y empezar a pensar en hasta dónde había llegado -¡porque ya era bastante!-, en lugar de agachar la cabeza y admitir que ya nada más se podía hacer, se levantó ante la adversidad cómo sólo hacen los más grandes. Intentó hacer todo. Si sus compañeros no le podían hacer llegar el balón desde atrás, sería él quien lo sacara en lavolpiana. Si nadie le daba la pelota para tirar una pared, sería él quien buscara a los demás. Por momentos pareció una actuación irreal. Es cierto que le faltó precisión, ¿pero cómo iba a ser? Estaba luchando él sólo contra un equipo entero, intentando asistir y marcar al mismo tiempo. Lo suyo me encogió el corazón. Cuando más justificación tenía para desaparecer, le gritó al mundo que él no se iba a rendir y que esto no se acababa hasta que llegara el pitido final. Recuerdo una jugada concreta en la que recibió en derecha, no muy lejos del círculo central, recortó a su par y soltó un latigazo que, si bien cogió portería, fue muy centrado. He visto a muy pocos jugadores tirar de su equipo de esa manera. El árbitro pitó y Portugal pasaba a la final -que terminaría ganando ante Francia-. Gareth respiró cansado, no era para menos, y Cristiano fue a consolarle por la derrota. Ese día, 7 de julio de 2016, fue cuando el mundo se rindió ante Gareth Bale. Y también cuando dejó de ser el chico de los 100 millones para ser recordado durante muchos años como el héroe que llevó a su pequeño país a las semifinales de toda una Eurocopa.

Artículo publicado en FromSadaToTheLane

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