Granada fue paz antes de la batalla

Bastó con que se jugase media hora para que el partido que disputaron Granada y Real Madrid en el Nuevos Los Cármenes expirase. Los dobletes de James Rodríguez y Álvaro Morata ajusticiaron al cuadro dirigido por un Tony Adams que en ningún momento aportó facilidades a sus pupilos desde la pizarra, si quiera desde lo anímico. Al Madrid le alcanzó con que su equipo de rotación se activase durante el tramo inicial, del mismo modo que hizo lo opuesto cuando el marcador ya le otorgaba, de manera ineludible, los tres puntos.

Poco que comentar dejó la noche en lo meramente futbolístico. La incomparecencia de los locales y la pérdida de tensión de los que viajaban dejó a la pelota en un mero agente de trámite. Por desgranar los movimientos que uno y otro técnico designaron de partida, cabe señalar a que Adams simplificó su propuesta en base a la construcción de una línea de cinco en la medular que pretendía ensuciar el juego de su rival pero que acabó limpiándole cada pasillo hacia su guardameta. No había matices de altura entre sus piezas, y por ende, el Real la batía con una facilidad inusitada. A menudo recibía Morata, quien ofrecía apoyos de espaldas para que James y Asensio –cuya sustitución esclarece lo que hoy es el mallorquín para Zidane– dieran brío en los últimos metros, con las bandas como permanente vía libre para las incursiones de los laterales y de un Lucas peleado con el gol. Se insiste: el Granada nunca exigió nada.

El 0-4 llegó y dejó la sensación de que Ochoa debería recoger varios balones más de su red, pero el Madrid, sabedor de lo que le viene y de la nula motivación de su oponente, tiró las revoluciones del partido al suelo y, dándolo por solventado cuando aún restaba una hora por disputarse. Se permitió el Granada visitar los dominios de Casilla al tiempo que Nacho apagaba fuegos como si temiera que los tres puntos terminaran con quemaduras. Ni el goleador Morata se desgastó en exceso en busca de engordar sus sobresalientes números ni Benzema hizo lo propio ante la oportunidad de afinarse de cara a portería. Todos sabían que el partido del miércoles ya había comenzado a jugarse.

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