Isco para Zidane

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Zidane, como se ha venido contando estos últimos días, sigue dando pinceladas de cómo quiere que sea su Real Madrid. Y ya no solo en lo colectivo, sino también en lo individual. Además de la BBC y la pareja de interiores Luka Modric y Toni Kroos, el nombre de Casemiro es inamovible. El centrocampista brasileño ya no es un parche, potencia el estilo.

Con estos seis nombres sobre la mesa y una idea común, toca hablar de los distintos recursos de plantilla a la hora de complementar o potenciar todos los que te da el XI titular. Y aquí llegamos a Francisco Alarcón Suárez, Isco.

La figura del joven centrocampista español siempre ha sido una debilidad reconocida de Zinedine Zidane. De hecho, tras ese derbi del Santiago Bernabéu que marcó un antes y un después en Zizou, y a pesar de ser un hombre más de banquillo que del XI de partida, Isco siguió siendo importante en el equipo. Isco siguió contando con minutos de calidad, siendo titular ante el Manchester City en la vuelta de semifinales de Champions League y, como en Lisboa, saliendo desde el banquillo en la Final de Milán con bastantes minutos por delante.

Poco queda de aquel jugador que destacaba por brillar en ¾ de campo, ya sea por dentro, como mediapunta, o por el perfil izquierdo, como “falso extremo”. Hoy, Isco es un jugador con mucha más jerarquía y peso en el juego. Su aportación no se limita a inyectar desequilibrio en los últimos metros de cada ataque de su equipo, sino que suma estructuralmente tanto en fase ofensiva como defensiva y desarrolla su juego de área a área, desde el inicio hasta la finalización.

Por cualidades e intenciones en su juego, Isco encaja en el 4-3-3 de Zidane en tres contextos diferentes:

  • Kroos de ‘5’ e Isco de interior izquierdo: esta disposición la vimos en la ya nombrada vuelta de semifinales ante el Manchester City. Casemiro causó baja para la importante cita y Zidane optó por retrasar a Kroos y darle la titularidad al ‘22’. Ante la falta de físico, impacto individual defensivo y juego aéreo que supone la ausencia del brasileño, la función de Isco, en este contexto, es la de situarse, en fase defensiva, entre Toni Kroos y Marcelo. El objetivo es tapar líneas como bloque, por acumulación. Con balón, potenciar el sector izquierdo, proyectar a Marcelo e intentar llegar juntos arriba para compensar el repliegue bajo y achicar la distancia entre la línea de centrocampistas y los delanteros.
  • Sustituyendo a Toni Kroos: este cambio lo hemos visto en repetidas ocasiones, aunque, sin duda, por encima de todas, en la Final de Champions League. Cuando Isco sustituye al alemán, su aportación al equipo es compensar la salida de balón de Casemiro. Al español se le ve más en la base que en la finalización. Su pausa le hace ser el protagonista del primer pase.
  • Sustituyendo a Luka Modric: parece la situación más natural al pensar en Isco y lo que es -era- como mediapunta. Pero, por perfil y evolución, no es del todo cierto. Lo que se le pide a Isco cuando entra por el croata es que explote su capacidad de desequilibrio cerca del área, ser el nexo entre Kroos-Casemiro y la BBC. Precisamente la presencia de Toni Kroos y Casemiro (PSG-Real Madrid de la pasada Champions League) le permite soltarse y llegar más arriba. Se le pide que explote su 1vs1, su capacidad de filtrar y su más que reconocido disparo al palo corto.

Hablar de Isco en el 4-3-3 de Zidane es hablar de un recurso competitivo que encaja tanto sustituyendo a Toni Kroos o Luka Modric como contando por sí mismo como un transformador de contextos. Si algo destaca en el estilo que está implantando Zizou en el equipo es el repliegue en 4-1-4-1 (4-5-1) y la salida vertical que impone a través de la diagonal Sergio Ramos-Carvajal o el juego directo a partir de Toni Kroos y con un extremo o delantero como receptor. Isco, claro, no destaca por ser un gran lanzador de juego vertical, ni sus conducciones son tan vertiginosas como las de Mateo Kovacic. Pero no siempre se puede -ni se debe- correr. La presencia del malacitano, entre otras cosas, influye directamente en la cuota de balón: con Alarcón en el campo se tiene más -y más arriba- el balón. Su presencia mejora el juego posicional del equipo y facilita la instalación en campo rival.

Está claro por qué Zidane le quiere en su equipo. Contar con su cromo le da una serie de variantes, ya sea sustituyendo primeras espadas o con el objetivo de pintar un contexto diferente, de temple, maduración de jugadas y más control.

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