Kevin De Bruyne y el juego de posición

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Llegaba Pep Guardiola al Manchester City y todo lo que ello significaba. No solo llegaba un entrenador, sino una identidad, una forma de ver, entender y ejecutar el fútbol. Pero llegaba a la Premier, el campeonato en el que más se corre tanto para adelante como para atrás -el mayor déficit de Guardiola-. Y este contexto define a la perfección cual era su equipo destino. Llegaba a un City, además, que corría muy mal hacia su propia portería. La llegada de Pep a la entidad ‘sky blue’ presuponía, sin duda, la felicidad futbolística de jugadores como David Silva y Kun Agüero. Además de la de dos que llegaban junto a él: John Stones e Ilkay Gundogan.

Junto a los ya mencionados Silva y Agüero, Kevin De Bruyne es la tercera joya de la corona de la plantilla. Y con Kevin surgían las primeras dudas sobre su adaptación al ya reconocido fútbol de posición de Pep. Y esas dudas se confirmaron en los primeros días juntos de ambos. De Bruyne, acostumbrado a jugar como segundo punta -en el Wolfsburgo- o en banda -en su primera temporada en Manchester-, es, sin duda, uno de los mejores jugadores del mundo cuando de correr se trata. Existen muy pocos futbolistas tan determinantes como él. Pero llegaba Pep, con un fútbol mucho más pausado, dominante y con el efecto a encerrarse que suele causar a los rivales. Ante este contexto, además, hay que sumar que al brillante futbolista belga le tocaba retrasar su posición a la de interior derecho, compartiendo centro del campo junto a Fernandinho, Silva y/o Gundogan.

El derbi de Manchester, ante el United de Mou, especialmente la primera parte, es el momento en el que el Manchester City confirmó que en el banquillo estaba Guardiola y su impacto en el equipo. Fue el punto de inflexión, entre otros, para De Bruyne. Más allá de que en la segunda parte corrió como ya se le conocía, sus toques de apoyo a la posesión de balón del City comenzaban a descubrir la evolución que íbamos a ver en él. La evolución más inesperada y, a la vez, más deseada, por todo lo que significa sumar a un futbolista como Kevin De Bruyne a la causa.

La evolución de Kevin alcanza su clímax con su partido ante el Bournemouth (victoria por 4-0 del Manchester City). De Bruyne fue tanto el que ya conocíamos como el que está surgiendo en éste nuevo City. Abrió el partido con un gol de falta directa, asistió a Gundogan en el último gol del partido y participó en las jugadas de los otros dos. Pero lo que impresiona no es su influencia en el marcador, sino en el partido. De Bruyne corrió, inició jugadas y gestionó la posesión del City desde la base hasta zonas de finalización. No estaba Silva y la referencia fue él. Todos le buscaban y él encontraba a todos, tanto en horizontal como en vertical. Kevin fue lo que Guardiola quiere que sea. Y así se lo reconoció el Etihad cuando fue cambiado en el 74′.

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