La espalda del lateral y el gato de Schrödinger

marcelo

Todos perdonamos un fallo de nuestro delantero, un mal pase de cualquier centrocampista e incluso un despiste o una mala decisión del central pero en cambio existe cierta incomprensión hacia la figura del lateral atacante en los conjuntos dominadores del fútbol actual por parte del aficionado y me llama mucho la atención, en concreto la agorafobia contumaz a los metros que deja tras su espalda. Si aplicáramos la frase de Wilde  sobre las mujeres podríamos sentenciar que los laterales ofensivos han sido hechos para ser amados, no para ser comprendidos pero yo me niego a ello, quiero comprender y que comprendamos una de las posiciones que más ha cambiado en los últimos lustros; el y el de toda la vida.

Cuando en mi niñez empecé a ver fútbol el típico lateral era ante todo un buen defensor con más velocidad y explosividad que los centrales además de pisar campo contrario muy de vez en cuando siempre que las circunstancias fueran propicias para sorprender al rival. A mí me parecían los jugadores menos depurados técnicamente y más limitados del equipo. Su misión era convertir su banda en el Checkpoint Charlie  del Berlín de los 60, nadie pasaba por allí sin ser identificado. Cuando se hacía con el balón lo soltaba rápidamente y sin complicaciones ya sea hacia el portero, el central o alguno de sus compañeros más talentosos en el centro del campo y ya, vuelta a su carril y fin de su misión.

Este mundo idílico, tranquilo y rutinario del lateral ochentero empezó a cambiar con la defensa de cinco y el nuevo rol del lateral brasileño, su mundo cartesiano se desmoronó. Derribaron el muro y el  Checkpoint  dejó de ser útil, ahora tanto el contrario como él mismo podían recorrer con total libertad ese pasillo que fue tan vigilado en décadas anteriores sin enseñar siquiera el pasaporte. El centrocampista de banda y el extremo pegado a la cal tendieron a desaparecer, el centrocampista mutó a interior y el extremo siguió partiendo desde el mismo punto pero a pierna cambiada así que por tendencia natural su juego se desarrollaba de fuera a dentro dejando todo todito el pasillo exterior al nuevo lateral de largo recorrido, carrilero, lateral ofensivo o como os venga mejor denominarlo.

El entrenador quería sumar jugadores por dentro, eso ayudaba a la asociación y a la presión colectiva,  cuanto más juntos, más bloque y más sencillo. Esto se sostuvo y se sostiene por el lateral actual que mutó de ser el tronco del equipo con una única tarea clara y sencilla a convertirse en el que mueve por su exterior la famosa manta corta para cubrir pies o cabeza según convenga o necesite su equipo.

Si el grado de dificultad, exigencia y presencia en el puesto de lateral creció de forma exagerada no estaba todo dicho todavía, faltaba una vuelta de tuerca más. marcelo-4 Los entrenadores subieron a la altura del centro del campo al central líbero o posicional convirtiéndolo en el mediocentro defensivo de hoy desapareciendo la línea de tres centrales que permitía guardar la espalda del lateral ofensivo ante una pérdida de mala calidad y un contraataque vertiginoso.  Y así el lateral se transformó por y para siempre en un jugador de constante ida y vuelta, un Doctor Strange  teletransportándose en vez de con magia con un despliegue físico extraordinario cubriendo en apenas unos segundos hasta tres posiciones diferentes en su amplísima parcela de campo aparte de la imprescindible y novedosa técnica e inteligencia táctica cada vez más importante y depurada en su puesto; una locura. La amplitud del conjunto y la profundidad exterior dependen ya casi en exclusiva del lateral ofensivo, obligados a finalizar jugada sin olvidar su cometido supuestamente primordial como defensa, en el repliegue, las marcas, la basculación correcta con su central, las anticipaciones y la presión alta que es norma en los equipos élite.  

Este punto es fundamental para la comprensión del lateral actual porque solemos requerir que cumpla dos roles, el primigenio y el vigente. De esta exigencia procede la famosa frase que seguro habéis escuchado e incluso pronunciado en alguna ocasión: “bien en ataque pero ha estado horroroso en defensa, le han cogido una y otra vez la espalda”  y yo os animo a inquirir si después de haber leído hasta aquí no es lo más normal del mundo que a los grandes equipos ofensivos se les ataque justo por ahí, que se busque una y otra vez ese espacio que deja nuestro protagonista por obligación táctica. Visionemos mentalmente a Carvajal o Marcelo subiendo y llegando hasta línea de extremos y en vez de finalizar jugada nos roban el balón y montan una contra y sólo tenemos al mediocentro posicional y a los centrales para frenar el nuevo ataque mientras repliegan el resto de compañeros, lo más normal del mundo sí o sí es que el delantero más adelantado del rival te tire un desmarque al espacio de manual y ese espacio será con casi total seguridad el que haya dejado el lateral que más arriba llegase antes de la pérdida. Deberíamos ver este tipo de lances de juego con la misma naturalidad y sencillez que aceptamos otros pero en el caso del lateral ofensivo el aparecer como defensa sobre el papel en la alineación lo estigmatiza, haciéndolo presa de la ira y el fatalismo de una gran parte de la afición.

Mi pretensión con este escrito es pedir comprensión hacia el lateral ultra ofensivo en nuestro Real Madrid, quiéranlo y hasta le pueden consentir un poquito, un jugador que encajaría en la paradoja de Schrödinger  obligado a estar de manera cuántica en todos los sitios a la vez y en todos los estados posibles, atacando, defendiendo, presionando, replegando, basculando, permutando, marcando, anticipando, haciendo coberturas y todo esto cubriendo los más de cien metros que mide su parcela táctica de ubicación.

marcelo-carvajal En serio, me parece una salvajada física y táctica que pasamos de largo por la impresión y el susto que nos produce ver como el rival ataca el territorio abandonado por nuestro lateral, un espacio que se nos hace amplio, infinito, un momento en el que el tiempo parece que se ralentice como un bullet time  de Matrix  y esos instantes quedan marcados de forma indeleble en nuestra idea global del partido en perjuicio de nuestro jugador; un instante capaz de emborronar todo un gran partido de un esfuerzo hercúleo.

Yo amo al lateral, amics.

Autor: @_MisterHyde_

 

 

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