La Joya de la corona

No había pasado un minuto de canción cuando Kase.O dijo: “Lo siento en esta letra no hay mensaje, el mensaje soy yo”. A pesar de avisar lo que iba a cantar, esa letra, que aseguraba que no existía, se convirtió en una de las más aclamadas de la historia del rap español. Algo parecido haré yo hoy con este texto de Paulo Dybala en el que anuncio, desde ya, que es un artículo simplemente para hablar de lo bueno que es. Y aunque la gente sabe esto, no sé hasta qué punto conocen cuánto. Siempre es mejor asegurarse. Aunque me tendréis que perdonar no llegar, ni de lejos, al nivel de Javier Ibarra.

Primero entendamos por qué Dybala ficha por la Juventus. En el verano de 2013, Carlos Tevez cambió Manchester por Turín y ni él mismo, en el mejor de los casos, podría haberse imaginado lo bien que le iría de bianconero. Estuvo solo dos temporadas, pero qué dos temporadas. Se convirtió en uno de los mejores delanteros del mundo y llegó a una final de Champions siete años después de que lo consiguiese con Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney como compañeros. Esta vez tampoco pudo levantar el título, pero poco importó para que dejase el fútbol europeo siendo un ídolo en la grada del Juventus Stadium.

Carlitos no fue un 9 de área en Italia. Jugaba en el 3-5-2 como segundo punta, y Morata o Llorente eran los que más cargaban el área. El argentino se movía por la frontal esperando para recibir y llegar. Nunca esperaba el balón ya en zona de remate. La ocasión la buscaba él, aunque para ello tuviese que retrasar o escorar su posición inicial. Este rol era clave en un esquema así, donde la figura del mediapunta brilla por su ausencia y la falta de extremos puros a veces hace demasiado plano el ataque en estático. Pero todo lo bueno se acaba, y Tevez decidió volver a su querido Boca Juniors para terminar su carrera deportiva.

Para la directiva, el reto estaba servido. Había que reemplazar al ídolo de la afición y al mejor jugador del equipo en un año en el que también se te marchaban Vidal o Pirlo. Sin embargo, no solo supieron minimizar los daños de esa gran pérdida, sino que consiguieron maximizar los beneficios del 10 del equipo. Si nos fijamos solo en los números de ambos, vemos cómo se da esto que comentamos. En la primera temporada en la Juventus (en el peak de su carrera con 29 años), Tevez marca 21 goles y da 9 asistencias en 3.709 minutos. En la 2015/16, la primera temporada después de dejar el Palermo (con 21 años), Paulo marca dos goles más e iguala el número de asistencias. Y consigue estas cifras en 630 minutos menos.

Pero dejando a un lado las estadísticas, que ‘cualquiera’ las podría igualar jugando de delantero en la Juventus, vamos a lo que solo unos cuantos elegidos pueden. Jugar de segunda punta es fácil: recibes de espaldas sin demasiada presión rival en la frontal, se la pasas a dos toques a cualquier compañero e intentas rematar lo que te dejen de rechaces del portero o de centros desde la banda demasiado abiertos. Lo que no es fácil es jugar de segundo punta como lo hace Leo Messi. Y, sin duda alguna, Dybala está siendo su copia más fiel.

La jugada de Dybala es la siguiente. Baja –o parte- a recibir hasta tres cuartos de campo, donde recibe el balón de sus compañeros y a partir de ahí se desata todo. Empieza a mirar a su alrededor para encontrar una camiseta igual que la suya desmarcada y soltarla para buscar cualquier espacio. Arranca como Leo, desde una banda o desde la posición de interior, pero siempre termina en la frontal del área o incluso dentro de ella. Intercambiando paredes y regates no excesivamente técnicos pero sí realmente efectivos, consigue plantarse en zona de remate para ajustar el disparo a cualquiera de los dos palos o asistir a algún compañero. Con las posibles variantes que puedan ir surgiendo por el camino, así suelen ser las actuaciones del argentino. Y a juzgar por las estadísticas que comentábamos anteriormente, le funciona bastante bien.

Sin embargo, Paulo Bruno es mucho más que una jugada. Si por algo se caracteriza, además de la grandeza que más tarde comentaremos, es por el pase. Sin ser Mesut Özil, tiene una visión de juego más que hábil para dar asistencias y una zurda que se complementa a la perfección con esa facilidad para ver espacios y desmarques de sus compañeros. Además de ello, tiene una mentalidad siempre ofensiva cuando controla el balón, por lo que sus pases siempre van con el objetivo de acercar un poco más la portería rival. Evra y Alex Sandro tienen mucho que agradecerle en este aspecto.

El tercer vértice que completa este triángulo de virtudes que estamos tratando es la capacidad para ser decisivo en momentos importantes. En Serie A fueron ocho los puntos que ganó directamente él con sus goles y asistencias, y fue el goleador de tres 1-0 a favor ante rivales tan duros como el Milán, la Roma o el Sassuolo. En Champions, abrió el marcador en el encuentro de ida contra el Bayern de Munich. Un gol sin el que nunca habría sido posible el intento de remontada del Allianz Arena. Y esta temporada ya dio la asistencia del único gol del Lazio 1-0 Juventus en el Olímpico de Roma.

Estas tres cualidades, una jugada casi perfecta, un pase top class y la capacidad para decidir partidos importantes, hacen de él un jugador único. Pocos proyectos de futbolista más ilusionantes para heredar el 10 de la selección blanquiceleste. Tendríamos razones suficientes para poder afirmar que Paulo Dybala estuvo la temporada pasada en el pódium de mejores jugadores del mundo, solo por detrás de los dos extraterrestres actuales. El tiempo lo dirá, pero si me obligasen a apostar por quién dominará el fútbol mundial en cinco años, únicamente Neymar podría hacerme dudar de mi elección.

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