Modric y Ramos para el Madrid de Casemiro

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El último parón de selecciones ha homenajeado al ya pandémico “virus FIFA”, mal temido como el peor de los oponentes y que ha dejado a un ya mermado Real Madrid sin otra de sus piezas capitales para desarrollar su plan maestro, Sergio Ramos. El de Camas se suma a Luka Modric como pilar fundamental en las cuentas de la enfermería merengue. De ésta se espera que salga ya Casemiro, el hombre por el que, tras cada uno de estos cuatro últimos empates, un amplio sector de la hinchada madridista ha suspirado, preasignando al brasileño la omnisciencia de poder haber redirigido a la nave de Zidane por los derroteros de la victoria.

Es imposible dudar, a octubre de 2016, del valor de Carlos Henrique Casemiro dentro de la hoja de ruta trazada por Zidane. El carioca ha dejado atrás el cartel de recurso defensivo con el que se abrió hueco en la plantilla para ser, a todos los efectos, parte del discurso principal. Con él, el Madrid goza de un cortafuegos de primer nivel, un futbolista capaz de correr por cualquiera de sus compañeros para hacerle la vida un poco más sencilla, sin olvidar su notoria mejoría en cuando a posicionamiento y toma de decisiones. Con el “14” sobre el césped, los jugadores del Real Madrid juegan con veinte pulsaciones por minuto menos, liberados no solo futbolística, sino mentalmente, para poder desplegar sin miramientos los atributos que los convierten en absolutas máquinas de decidir partidos.

Radica ahí el plan de Zidane. En soltar a sus estrellas en campo rival para que resuelvan por el propio peso de su calidad, superior a la opuesta por norma. Es por esto por lo que el francés no ha trabajado unos mecanismos con balón complejos, ni en salida ni en ataque estático. Adquieren así una importancia notable las bajas de Ramos y Modric.

El central es protagonista absoluto de la construcción desde campo propio. Los éxitos recientes lo han revestido con un aura especial y el sevillano, sabedor de su importancia en el Santiago Bernabéu, ha cogido definitivamente las riendas del inicio de juego del campeón de Europa. Pese a no confeccionar nada presuntuoso en mentada fase, Zidane impuso desde su llegada la elaboración pausada, ajena a nervios o a contextos de máxima tensión. Una vez Ramos se hace con el balón, ordena a los suyos para después hacer lo opuesto con el oponente, ya sea mediante valientes conducciones para atraer rivales y liberar marcas, o con pases que rompen líneas y permiten avanzar metros a los suyos. Sin él, Varane es, por condiciones, el más indicado para recibir el testigo, si bien mentalmente la tarea aún le resulta espinosa. El regreso de Marcelo es el otro factor que podría suponer un alivio temporal.

Similar importancia tiene el croata en lo suyo. Si Ramos es el encargado de portar la bandera en salida, Modric es el futbolista que tiene como misión deshacer el rompecabezas que el equipo rival presente a los suyos una vez atacan en estático, escenario recurrente para los de Zidane en el noventa por ciento de partidos. Con Kroos asentando y armonizando a partir de la pelota, Modric es el interior que derriba barreras, inventa soluciones y crea ventajas de la nada. Y no es un decir. Si se apuntó que el técnico francés no había creado engranajes enrevesados para dotar a los suyos de mecanismos a los que agarrarse en esta fase del juego, es en gran parte por gozar del concurso del centrocampista balcánico. Sin él, el Madrid es más previsible, su juego interior palidece (a la espera de un golpe en la mesa de Isco), y el plano derrotero de la sobrecarga de centros al área pasa a ser el plan A.

Si bien el calendario de los blancos no presenta pruebas de fuego hasta el choque liguero con el Atlético de Madrid, la baja de dos de las piezas maestras del plan de Zidane supondrá un escollo considerable que ponderará el punto de madurez en el que se encuentra un Real Madrid al que le cuesta reconocerse sin Casemiro sobre el campo.

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