El plan B de Zidane

Cuando la época caliente de la temporada llama a la puerta de los clubes que pelean por los títulos, noches como la de Butarque se convierten en la perfecta definición del manido “partido trampa” que habitualmente utilizan los medios. Los futbolistas, temerosos por sufrir un percance que les impida estar en uno de esos choques que en las previas, como contraposición a los anteriormente señalados, se bautizan como “partido del siglo”, escatiman esfuerzos, evitan desgastes excesivos y sortean situaciones escamosas. El resultado es ya sabido: pérdida de puntos ante rivales de la zona baja de la tabla que terminan costando campeonatos. En disolver como azucarillo en el café un problema recurrente en las grandes plantillas del continente reside una de las mayores fortalezas del Real Madrid de Zidane. Donde los titulares levantan el pie del acelerador, la segunda unidad del francés emerge engrandecida por la ocasión para crecer en una plantilla donde la competición no ya por un puesto, sino por merecer minutos para lucir calidad, es un valor seguro de competitividad insaciable.

Se entiende así la voracidad de los Asensio, Morata, Lucas o Nacho ante el Leganés. No se quedó atrás la escuadra de Asier Garitano, que buscó desde el saque inicial al Madrid desde que sus centrales controlaban la primera pelota. La iniciativa pepinera marcó, para bien y para mal, el choque en Butarque. La cara positiva fue que en su movimiento hacia arriba, en el Leganés trabajaban todos, incluida la pareja de puntas, lo cual ayudó a generar un ambiente de batalla que enmascaraba la realidad del envite. El espacio que se generaba entre los cuatro zagueros y el movimiento del doble pivote local supuso el aspecto negativo y, a la postre, mortal para el cuadro blanquiazul. Allí recibieron y ajusticiaron con asiduidad Kovacic, James y, especialmente, un Marco Asensio del que decir que firmó su mejor partido desde que viste la elástica blanca es no hacer justicia con el desempeño del mallorquín. Simplificando mucho, podría decirse que no hizo nada mal y que fue, a varios cuerpos del segundo y sin hacer ningún gol, el mejor y más determinante futbolista de la noche.  Tan solo las escasas primaveras que ha visto pasar justifican la cautela con que el club de Concha Espina está manejando a una de sus mayores joyas.

Aun firmando un primer tiempo donde fue muy inferior, el Leganés logró irse al descanso con un 2-3 que le permitía competir el partido si demolía las autopistas por las que el Real Madrid transitaba. No terminó de hacerlo y los visitantes fueron adoptando una actitud de más control y menor vértigo (2-4 mediante) que alejaba a su rival las opciones de empatar. Así lo pretendió Zidane con los cambios, que le hicieron toparse con una grata noticia: los minutos de Luka Modric. Pese a jugar poco más de diez minutos, el balcánico dejó la impronta del Modric dominante, esa versión del interior sin la que el Madrid hallará más piedras en las tardes que se vienen, aunque en el banquillo esperen, ansiosos, los protagonistas del plan B de Zidane.

Deja un comentario