Real Madrid-Celta: un modelo altamente competitivo

kroos_real_getty_3774121

El Celta de Berizzo se presentó en el Santiago Bernabéu con la idea de plantear un partido diferente al Real Madrid. Raramente lo veremos de nuevo. Ante esta situación, virtudes y defectos de ambos equipos. Aunque, como sucede con el equipo de Zidane desde hace meses -14 victorias consecutivas en Liga-, el Real Madrid supo tener paciencia, superar las dificultades y ganar los 3 puntos.

El Celta, sin balón, quiso ahogar al rival. Plantó una presión altísima y marcaje al hombre –especialmente encima de Toni Kroos y Luka Modric-, con el objetivo de invitar al Real Madrid a salir a través de Casemiro. Y, salvo los primeros minutos, que fueron los de más brillantez estructural de los de Zizou, consiguió restar claridad a la construcción blanca.

En este contexto generado por los del ‘Toto’ Berizzo, solo Luka Modric y Toni Kroos -en el segundo tiempo- supieron girar y deshacer la intensa presión impuesta por el rival. Luka fue el primero en leer las necesidades de un partido que requería de sus cualidades individuales. También las de Mateo Kovacic. Controles orientados, conducciones y desmarques al espacio. En conclusión, solo Luka supo separarse del rival desde el primer minuto. Las primeras ocasiones, de hecho, llegaron a través del croata.

La delantera formada por Asensio, Morata y Gareth Bale no terminó de empujar al Celta hacia su portería. Solo Marco, en los primeros 20’, dejó verse entre líneas, apoyando a Toni Kroos, y conectando con Morata -que hasta el gol estuvo fallón en sus movimientos-. Bale recibió demasiado abierto y no encontró demasiadas ventajas a través de sus conducciones. Incluso acabó el partido por el costado izquierdo, con la intención de lanzar más a sus compañeros con su zurda que a él mismo.

El comportamiento defensivo blanco fue diferente al repliegue habitual en 4-1-4-1 o 4-5-1. El Celta quiso dormir el partido y Zidane turnó a Luka Modric y Toni Kroos para que llegaran hasta el área de Sergio Álvarez buscando el robo o la precipitación en el pase de los centrales del Celta.

Si vamos al triángulo defensivo formado por Sergio Ramos, Varane y Casemiro hay que diferenciar dos partidos en el caso del mediocentro: con balón y sin él.

Con balón, Casemiro, liberado por el Celta, fue la principal carencia de su equipo. No pudo dar el balón en situaciones de ventaja los compañeros -ni en corto ni en largo- y el Real Madrid sufrió. El equipo de Zidane solo lograba llegar al campo del Celta a base de arreones individuales. En ningún momento juntó líneas y subió como bloque. Así, difícil asentarse arriba. Se echó de menos un jugador que quisiera dar pausa, retener el balón y dar tiempo al resto para llegar. Se echó de menos a Isco, por ejemplo. Los centrales, al contrario, transmitieron seguridad a la hora de construir desde atrás. Ante la presión alta del Celta, conducciones para dividir al rival, escalonamiento y seguridad en el pase. Si el Celta no ahogó del todo al Real Madrid fue por ellos.

SR97

Sergio Ramos y Raphael Varane alcanzaron respectivamente un 97% y 88% de acierto en el pase.

Sergio Ramos y Raphael Varane alcanzaron respectivamente un 97% y 88% de acierto en el pase.

Lo que fue incuestionable es el partido sin balón de los tres (Sergio Ramos, Varane, Casemiro). El Celta torpedeaba la posesión blanca a través del ‘Tucu’ Hernández, llegaba a través de un brillante Orellana y amenazaba el área de un inseguro Kiko Casilla con Guidetti. Pero ahí estaban los centrales y Casemiro. Más allá del gol, que el Celta atrajo muy bien por el sector derecho blanco para dar el balón en clara situación de ventaja a Orellana y éste la clavó en la escuadra, Varane y Ramos frenaron, por posicionamiento y no desconectar ni un momento, las alegres llegadas de los atacantes rivales. Y luego está el segundo tiempo de Casemiro. El Real Madrid se volcó porque el centrocampista brasileño lo permitió. Fue el tapón de todos los contraataques del Celta.

LOS CAMBIOS: LUCAS VÁZQUEZ Y JAMES RODRÍGUEZ

Zidane decía tras el partido que “los cambios se hacen para aportar cosas al equipo y eso hicieron”. Y no le faltó razón. Lucas Vázquez abrió el campo, atrajo rivales, creando espacios para James, y aportó desequilibrio en el uno contra uno. Y, además, sumo intensidad en la presión blanca. Así llegó su asistencia a Toni Kroos. James Rodríguez, que no estuvo fino con balón, contagió al resto con sus ganas. Porque si tenemos que calificar su partido con una palabra, esta es intensidad. No fue resolutivo, pero zarandeó a su equipo y fue uno de los responsables de la avalancha final de su equipo en búsqueda del 2-1.

Sufrida victoria para el Real Madrid. Son catorce consecutivas en Liga. No es casualidad que los rivales hayan sido incapaces de restarle puntos al conjunto de Zidane durante tantos partidos. Ante el Celta vimos carencias tácticas en cuanto a la construcción de juego y asentamiento, pero también la mayor virtud del equipo de Zizou: todos creen hasta el final. Una muestra más de que el Real Madrid de Zidane es, por encima de todo, un equipo. El sacrificio individual tapa cualquier carencia colectiva. Es su modelo. Y el modelo es altamente competitivo.

Deja un comentario