Sergio Ramos decidió ganar a un buen Málaga

Dos goles de Sergio Ramos dieron la victoria al Real Madrid en uno de sus peores partidos de lo que va de campaña. Enfrente estaba el Málaga, que juntó mucha calidad en su once y jugó un partido de gran valor con la pelota en los pies. Camacho, Recio, Fornals y Juanpi superaron con holgura no solo al Casemiro-Kroos-Modric, sino al desempeño global de un equipo que zozobra entre el golpe de las dos últimas derrotas y la exigencia del partido de Copa en Vigo.

El Málaga entró al partido de cara, juntándose con desparpajo alrededor de la pelota, que circulaba con brío y mucho sentido. Su juego con balón permitía a los de Romero asentarse arriba, empujando al Madrid contra su propia área y obteniendo situaciones favorables para el robo, donde Camacho lució galones. Difícil papeleta para el Madrid, que sin sus laterales titulares —Marcelo cayó lesionado en el ecuador del primer tiempo— andaba falto de profundidad. Agrandaban las trabas Ronaldo y Benzema, ofuscados en el desacierto técnico y la falta de tino de cara a gol. Portugués y galo marraron las ocasiones que en el arranque hubiesen permitido al Madrid afrontar el encuentro con otro pálpito.

Emergió entonces, como tantas otras veces, el capitán del Real Madrid para encender un fuego en medio del baile de sombras que estaba siendo el partido de los blancos. Lo hizo por partida doble; también Kroos, que asistió en ambos tantos, con mención especial para el centro del segundo, que llevaba el remate implícito pero sin nombre: escribió el suyo Ramos.

El Madrid salió de la caseta con ánimos renovados, bañados los futbolistas en la catarsis del dos a cero. Trataron los de Zidane de bajar el ritmo del choque juntándose con Isco por dentro y toqueteando una y otra vez, sin ninguna prisa por atacar, respirando hondo después del nerviosismo de los primeros cuarenta y cinco minutos. Ocurrió que el Málaga siguió a lo suyo, y los minutos en los que disfrutaba de la posesión le cundían mucho más que a los locales. Juanpi recortó distancias y devolvió la angustia a los once que vestían de blanco. Fueron los peores minutos del Madrid, que aun así estuvo cerca del tercero —virtud de Cristiano el encontrar al menos tres situaciones de gol claras por partido, exaltación de su mal momento el cómo las está resolviendo— y que llegó a los minutos finales rogando el pitido que marcase el final de una de sus peores tardes de lo que va de curso.

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