Una Liga con Isco Alarcón

Una nueva resolución de la segunda unidad de Zinedine Zidane permitió al Real Madrid sumar tres puntos sobre la bocina que aclaran el camino hacia el título al mismo tiempo que emborronan el del Sporting hacia la salvación. En una tarde en la que la dificultad del líder para lograr la victoria no se correspondió con el obstáculo que construyó el cuadro gijonés, fue Isco Alarcón, a buen seguro el hombre más en forma de con los que cuenta el técnico nacido en Marsella, el responsable de hacer saltar por los aires la resistencia rojiblanca con un partido que oposita (por guardar cierta compostura) a mayor exhibición de la presente campaña liguera.

Joan Francesc Ferrer “Rubi” repitió el planteamiento con el que estuvo a punto de asaltar el Santiago Bernabéu y formó con una línea de cinco atrás en la que sus hombres exteriores eran antes defensas que centrocampistas. Con esto se quiere apuntar a que el preparador catalán priorizó reforzar la defensa del área frente a la sobrepoblación de la medular, lo que revirtió en que el Madrid pudiera construir fácil desde atrás, siempre de la mano de un fantástico Sergio Ramos, mediocentro de oficio ante la ausencia de los tres habituales futbolistas que rondan la demarcación. Una vez en la mitad del Sporting, la jugada crecía si pasaba por los pies de Isco o Asensio —tan atinado en el primer tiempo como ausente en el segundo—, de la misma manera que se ralentizaba hasta morir si quien la sobaba era un insuficiente James. En adición, el hombre que sumó más intervenciones durante el primer acto fue Coentrao, quien pese a aprobar con nota en su “redebut”, no era el indicado para cargar con el peso del fútbol blanco. Ante la falta de soluciones, el centro a un área muy poblada pero deficientemente cubierta por el Sporting fue el remedio del que el Madrid echó mano en el grueso de sus ataques.

Si bien el cuadro local no terminó de inquietar cuando robaba, optando por una salida en largo que casi siempre solventaban con suficiencia Nacho y Ramos, en el Madrid se hizo notar la ausencia de un centro del campo con piezas de rol plenamente afín a su puesto. Fue en el pivote donde Kovacic alternó momentos correctos en la protección de los espacios con salidas atolondradas que desnudaban la defensa de Zidane. Se insiste en que aún con ello, la escuadra blanca no llegó a sufrir con continuidad, ni si quiera habiendo recibido dos goles que bien representaron los dos únicos acercamientos (y los dos únicos tiros entre los tres palos) de peligro de los pupilos de Rubi.

A media hora para el pitido final, Zidane llamó a Mariano para explotar la debilidad que el Sporting estaba mostrando en la defensa de los centros laterales. El Madrid pasó a formar con dos delanteros centros que no participaban en la jugada más allá del gesto definitivo, lo cual eliminó un apoyo interior a Kovacic e Isco, que quedaron obligados a hacer malabares para eliminar oponentes en su camino hacia los dominios del “Pichu” Cuéllar. Los practicó el malagueño con varias jugadas en las que cabía preguntarse si quien conducía la bola no era el mismo que porta la diez en la Albiceleste, aunque la heroicidad a menudo terminaba en un centro de alguno de sus compañeros que obligaba a reiniciar la intentona. Con el equipo totalmente falto de ideas, el empeño del “22” no cejó hasta que pudo anotar el gol de la victoria, el de su doblete, el que sellaba una tarde mágica solo al alcance de un genio mundial y el que obliga a mirar al banquillo con una cuestión en la que los interrogantes son casi transparentes: ¿Debe hacerse hueco a Isco para lo que se viene?

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